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Cerro San Cristóbal

Es muy probable que los orígenes remotos de la población de Camuñas es encuentren en este humilde pero vistoso cerro llamado de San Cristóbal. Esta afirmación se sostiene en un estudio arqueológico realizado en el año 1.999, en cuya ejecución se encontró gran cantidad de material lítico procedente de la factura de útiles y herramientas de piedra tales como núcleos, lascas y restos de tallas. Es decir, que nuestro apreciado cerro era una suerte de factoría de herramientas paleolítica.

También hubo afloramientos de cobre en la ladera sur del cerro y se localizo una necrópolis del calcolítico campaniforme, lo que apoya la existencia de un asentamiento estable en este lugar privilegiado.

Y no lo decimos nosotros, lo de lugar privilegiado ya lo debió pensar en el siglo XVI Pedro Esquivel, matemático y cosmógrafo español, cuando recorrió La Mancha de otero en otero, dentro de su proyecto de elaborar un mapa geodésico de España. Dijo el maestro Esquivel que desde este altozano se podía observar el castillo de Consuegra, Consuegra, Camuñas, Madridejos, Urda, el castillo de Mora y el Puerto de Los Yébenes. Obvió en su escrito el matemático otros pueblos por tenerlos ya ubicados en sus notas, pero nosotros añadimos Alcázar de san Juan, Campo de Criptana, Villafranca de los Caballeros, Puerto Lápice, Herencia Quero y Villacañas. Es decir, la mirada se extiende desde esta atalaya natural en una panorámica de 360º sobre la llanura manchega y hasta las primeras estribaciones de los Montes de Toledo.

Alguien que también tuvo que reconocer el valor logístico de este cerro fue Juan Crisóstomo Quiñones Gil, apodado “Cavila”, que allá por 1875 construyó él mismo un molino de viento conocido como molino de san Cristóbal, por el cerro donde lo ubicó su constructor. Lo hizo subiendo piedras, yesos, maderas y todo lo necesario, por la cuesta de ese cerro valiéndose de burros y mulas, un trabajo más que laborioso. “Cavila” era natural de Campo de Criptana y para él no tenía secretos el arte de la molienda, tampoco la construcción de un molino de viento.

Las crónicas nos hablan que el molino de San Cristóbal fue el más joven de los tres molinos que hubo en Camuñas. Alguien comentó de este molino que era el más señero, el más arrogante y gallardo por su situación en la cima del cerro que le da nombre. Así pudo ser, la geografía del paraje de Camuñas se lo permitía, ya que, como hemos dicho, desde este cerro se domina la llanura manchega y aun los vientos manchegos. En el año 1952, su propietario de entonces, el

afamado pintor de Valdepeñas Gregorio Prieto, lo desmanteló para trasladar la maquinaria a su Museo de los Molinos, donde todavía permanece separada ya de las paredes y los vientos que la sustentaron. Tal vez no fue mala la intención del pintor, pero aquella actuación fue el comienzo de la destrucción del molino. En nuestros días se pueden contemplar sus restos, piedras desprendidas de sus muros y una pequeña muralla que se afana por sujetarse a este cerro de San Cristóbal.

Precios:

Entrada gratuita.

Por su ubicación el molino de San Cristóbal era el más rentable de los tres que coincidieron en Camuñas, que fueron: “El Viejo” más tarde llamado molino de la Unión; molino del Cerro de la Horca, y este de san Cristóbal al que su constructor y dueño llamaba: Zaragüelles. Nosotros, en una visión menos práctica y más romántica, invitamos al viajero que se acerque a Camuñas a realizar una breve excursión hasta este preciado otero desde donde podrá contempla unas maravillosas vistas y magníficos amaneceres y ocasos.